Publicidad:
Terra
La Coctelera

Comentario sobre Los Amantes del Circulo Polar

Esta semana vimos la película, Los Amantes del Circulo Polar, de Julio Medem. Se trata del amor entre dos personas, Otto y Ana, que se conocieron en colegio más o menos a los 8 años, y justo después el papá de Otto y la mamá de Ana empezaron salir y más tarde vivían juntos. Así que sus papas les trataron como si fueran hermanos, aunque Otto siempre le gustaba a Ana. Luego, como a los trece o catorce Otto y Ana se enamoraron, pero tenían que estar novios en secreto porque a sus papas Otto y Ana eran hermanos. Más tarde, cuando Otto tenía aproximadamente diecisiete años, su mamá se murió y él se volvió loco. Se arrancó de todo, incluso a Ana. Él trabajaba como un piloto hasta que una vez se acabara la gasolina en su avión y tuvo que saltarse, pero llegó al suelo justo al lado de la cabaña donde Ana estaba viviendo. Ana ya se había ido de la cabaña porque estaba esperando que Otto se encontrara ahí. Cuando no llegó, ella se fue, pero solo minutos antes de que llegara Otto. Él fue a buscarla, pero se murió cuando un autobús la chocó.

Esta película explora varios temas que son muy central al sentimiento general de la película. Unos de estos temas importantes es la idea de las casualidades. Por toda la película, siempre ocurran cosas que son muy improbables, pero todavía pasan. Por ejemplo, en el principio cuando Otto tiró los aviones de papel por la ventana con algo escrito en todos, Ana le mostró a su mamá la nota, su mamá le preguntó quien la escribió, y indicó al primer hombre que vio. Ese hombre fue el papá de Otto, con quien la mamá de Ana empieza salir. Fue muy improbable que ella eligiera al papá de Otto, con quien Ana se enamorará más tarde. En otra ocasión, en el fin, Ana mudó a Laponia, Finlandia, dentro del círculo polar, con la idea que se encontrara a Otto ahí, porque tuvieron una historia con Laponia. Por casualidad, el avión de Otto se acabó de gasolina y él tuvo que saltarse. Otto llegó al suelo justo al lado de la cabaña de Ana, sin saber que vivía ahí. Yo creo que estas dos situaciones son muy importantes e interesantes, porque muestra que el amor entre Otto y Ana es destino, y que sus almas se atraen. Me gusta como la película muestra el amor entre ellos, y que se nota que no fue hecha por Hollywood. En Hollywood todo siempre termina feliz, y nunca me tengo que preguntar como terminará. Hay un formulario que casi todas de Hollywood sigan, y si quiero ver una película interesante y diferente, me aburraré. Los Amantes del Circulo Polar muestra el amor prohibido entre ellos, porque son como hermanos, y esto nunca pasará en Hollywood. Lo que me gusta de esta película es que me hace pensar en que va a ocurrir, en que significan los temas, y en como mejoran o cambian el sentido de la película.

Diez Minutos

Esta semana ví un cortometraje que se llama Diez Minutos, por Alberto Ruiz Rojo. Se trata de un hombre, Enrique, cuya novia se lo dejó esa mañana, que llama a la empresa telefónica para averiguar a quien ella llamó antes de que se fue, porque se supone que se está quedando con esa persona. Así que llama la empresa, y contesta una mujer que le dice que no le puede dar esa tipa de información. Él sigue pidiendo en varias formas por el numero, y ella sigue como un robot, sin emoción, repitiendo que no le puede dar esa tipa de información. De repente, él consigue convencerla darle en numero por preguntarle si ¿empieza con un 1? —No—, ¿un 2? —No—, etc., hasta que llegue al numero correcto, cuando ella no dice nada. Pero una regla de la empresa es que las llamadas no pueden durar más que 10 minutos, o el computador se corta la llamada. Así que siguen preguntando y respondiendo así, hasta cuando falta el ultimo numero y se corta la llamada. Enrique empieza llamar a todos los números posibles hasta que se conecta con su novia. El cortometraje termina con él sonriendo, así que se supone que al final todo sale bien entre ellos.

Yo encuentro el cortometraje una buena historia porque tiene muchísima emoción, pero por una causa, como que hay bastante, pero no demasiado. Muchas veces las telenovelas usan mucha más énfasis que es necesario, tanto que no funciona, porque no tiene sentido por qué se usa tanto.

Al contrario que Enrique, nunca he sentido como el protagonista al hablar con un centro de atención al cliente, porque no los llamo mucho. Pero creo que si lo hiciera más, a veces me sentiría más como un protagonista porque pasaría toda la conversación hablando de mi, y nunca del operador, porque los operadores no pueden dar información personal de si mismo por el teléfono.

Diez Minutos

Esta semana ví un cortometraje que se llama Diez Minutos, por Alberto Ruiz Rojo. Se trata de un hombre, Enrique, cuya novia se lo dejó esa mañana, que llama a la empresa telefónica para averiguar a quien ella llamó antes de que se fue, porque se supone que se está quedando con esa persona. Así que llama la empresa, y contesta una mujer que le dice que no le puede dar esa tipa de información. Él sigue pidiendo en varias formas por el numero, y ella sigue como un robot, sin emoción, repitiendo que no le puede dar esa tipa de información. De repente, él consigue convencerla darle en numero por preguntarle si ¿empieza con un 1? —No—, ¿un 2? —No—, etc., hasta que llegue al numero correcto, cuando ella no dice nada. Pero una regla de la empresa es que las llamadas no pueden durar más que 10 minutos, o el computador se corta la llamada. Así que siguen preguntando y respondiendo así, hasta cuando falta el ultimo numero y se corta la llamada. Enrique empieza llamar a todos los números posibles hasta que se conecta con su novia. El cortometraje termina con él sonriendo, así que se supone que al final todo sale bien entre ellos.

Yo encuentro el cortometraje una buena historia porque tiene muchísima emoción, pero por una causa, como que hay bastante, pero no demasiado. Muchas veces las telenovelas usan mucha más énfasis que es necesario, tanto que no funciona, porque no tiene sentido por qué se usa tanto.

Al contrario que Enrique, nunca he sentido como el protagonista al hablar con un centro de atención al cliente, porque no los llamo mucho. Pero creo que si lo hiciera más, a veces me sentiría más como un protagonista porque pasaría toda la conversación hablando de mi, y nunca del operador, porque los operadores no pueden dar información personal de si mismo por el teléfono.